Vuelvo rengo y sucio de jugar
suave rumor vecinal, y el frío...
Voy doblando por Natal.
Siendo hoy la sombra del que fuí
reminiscencia de aquel 5 aguerrido
ya no doy con el piné
No es por la derrota el malestar
es solo otro torneo barrial, perdido...
lo que inquieta es el umbral*.
*(...Te pedí un corner corto, ajustado a la boba y me la serviste limpísisma. Zafé de la marca quebrando cintura, sin elegancia, perfilandome para la zurda. Imaginación al poder. Un segundo después quede contra la raya; la lectura sugería un centro bombiadito, al segundo palo, ideal para el frentazo del Gigante, pero no. Me la morfé. Tiré un sutil autopase entre la banda y el marcador justo entrando en plena área chica y pasé, volví a sortear otro entuerto a estirpe de potrero, y me entusiasmé ciego como suelen hacerlo los morfones. En el altivo y delirante ataque de habilidad: redoblé la apuesta: osé enganchar para afuera, a contrapierna, y el segundo marcador de ellos pasó de largo mientras se me abría el panorama, me la pedía hasta el aguatero y en el derrotero de semejante empresa individual, fruto del capricho y el corazón, mi-torso-iba-girando-en-cá-ma-ra lenta hacía el cogollo del área (el punto penal) y ahí, ahí, en una baldosa sentí el gélido beso del ocaso. En el efecto físico, la desligazón osea tronó inequívoca.
Es el fin, viejo.
En el eco de las voces proliferadas en la multitud del área, se seguía escuchando, como voz cantante, mi hueso, pues mi rótula aún seguía en su lugar, y mi cuerpo ya había tomado otro camino. Caí en el área chica, boca arriba jadeando (pude escuchar que algún peladrúm gritaba: ¡penal, penal...!) en el pasto se imprimían las sombras de los jugadores, aunque el cielo, extrañamente, era un plomizo telón de cierre típicamente otoñal)