domingo 8 de noviembre de 2009

Gatronomía familiar // 1er movimiento




Menu del día: 


...mi abuelo compraba las ormas de queso, los salamines secos, las nueces y todo tipo de ajíes. Vivía armando conservas en fracosgigantes de vidrio con tapa de madera que él mismo hacía y mi abuela le decía a los gritos que parara un poco con tanto frasquerío. La cocina siempre olía muy fuerte a picante y yo  esperaba la siesta para comerme una punta de ají, y jamás nadie se enteraba de estas aventura porque yo aparte de muy valiente era tenaz en el arte de dar el golpe. Todo ese arte caducó cuando mi colon se inflamó y el medico se indignó porque le parecía una aberración que un nene de 5 años comiera ajiputaparió. Mi papá se reía y decía "a los medicos los carga el diablo". Luego él en la cocina de su taller -siempre todas sus casas y sus distintos espacios fueron y son como un solo y extensivo gran taller-  viviamos en Boedo en aquel entonces, mientras cocinaba me decía: "te compré caramelos Ivan" y me daba los dientes de ajo enteros y pelados que yo deleitaba. Mi abuelo me preparaba unos sanguches que él comía en la Europa solo en época de bonanza; abría un pan y le metía queso sardo (antes ese queso mucho más fuerte) y una rodaja de cebolla. Ese, es al dia de hoy que es mi sanguche preferido,  aunque cuando descubrí las anchoas - en aquel entonces yo debía medir unos 40 cm-  encontré mi caramelo favorito. Mi abuelo bebía a diario y comía como una bestia todo tipo de picantes. Eran frecuentes algunos platos que hace tiempo no pruebo: bacalao, conejo guisado, ensalada de shopska, entre otros inmemoriables.   Recuerdo que en los guisos ponía pimienta negra en grano en la misma proporción que las arvejas.Una bestia el viejo. Bebía ginebra, vino tinto y vivió plenamente esa vida gastrónomica hasta los 95 años, la herencia de la bebida seca y los picantes sigue vigente entre...


jueves 29 de octubre de 2009

Tour socrático // educación sentimental






El nene dice que es cierto, no hay fe improbable. No me importa si a otro no le pasa lo mismo. No me importa, nunca. Al nene le sobra paño y se alimentó porque robaba comida a sabiendas de que el amor existe. Fue enseñanza paterna, que de tan añeja me parece ficticia. Y hoy no importa con que elixir arrincone a las horas, sé que no fuma. Y sé que en el ominoso pálpito de saberse libre, por  exceso de sabiduría, se tornó triste, por carencia de verdades. El nene sigue robando para abdicar a la vida vencida. Porque el trayecto es corto y aunque socráticos eran los de antes, el nene se emancipó de todo. Un croto de mierda igual que su padre, que tampoco fuma.  El suministro de placebos es impagable, no obstante, las cosas en mi vida van mucho mejor que en los diarios con los que me tapo de noche. 4 a.m., madrugada primaveral en el parque y me tiene sin cuidado que a tus hijos les falte la guardia pretoriana para pisar la vereda.  Solo el hombre disgregado no comprende el sentido del orden. La naturaleza se corresponde.  El plomo tiene inscripto tu nombre porque todo el resto es correspondencia. No hay forma de transformar en confort el callo del egoísmo que se formó en el miedo. En tu miedo asegurado. Vos me dirás – no sin falaz elocuencia civil-  que soy un loco, un viejo cegado por la soledad y el alcohol. No es cierto eso, siempre fui un hijo de puta, de pibe empujaba a las viejas para afanarlas. Jamás tomé alcohol y hoy me ves en el banco de la plaza con mi radio a pila desde temprano, desayunando tu basura; no quiero ser el ejemplo de tus hijos. Y no estoy solo, somos miles de soledades mirándote. Y  buscaré sin clemencias entre el odre, la pestilencia y la sombra de los alrededores  mi sueño profundo;  y profanaré tu papelera y obtendré el placer de cronometrar el éxtasis en mi esfínter, para la descarga en los yuyos altos. No me importa que este seco, que no quede yerba, toda la zozobra de mi eterna juventud de deliquio y  pesadilla no son nada comparado con el poder de mi corazón en el día de hoy.

martes 15 de septiembre de 2009

Tour de Ultimación // expediente nº 097-12









Por entre las nubes -perfectas en su quietud vaporosa- el primer rayo de luz caía sobre la ciudad taciturna y reflejaba en el lívido rostro de Claudio (particularmente en sus pómulos sobresalientes del semblante) una mueca ajena, como de poseído. Así, la luz presolar nos descubría a los dos entrando por la puerta de su edificio. Usted se preguntara con lógica elocuencia ¿Con que propósito este hombre pudo soportar un amorío tan ridículo e incompatible? Aun no se si explicárselo señor, solo he elaborado una respuesta o un bosquejo de ella que, por rebuscada, no merece ser pronunciada. Aun no comprendo como amanecí en un lugar del que no fui arquitecto, en una cama desecha y kilométrica de sabanas celestes y decoloradas por el agua, el jabón y el sol; en ese cuarto diminuto en comparación con el lecho, blanquísimo y como encendido por la violencia lumínica sobre las paredes manchadas, sobre el aparador, en el piso de pinotea, sobre un libro aplastando a otro; esa luz que va llenando poco a poco la vacuidad de una taza con un saquito de infusión fermentado por la dejadez colgando de la asa mientras los pájaros explotan allá afuera. La luz violenta, ciega, la luz sobre todo: en mi tez parda y granosa. El sabor a ceniza muy picante en mi boca, sulfuraba mi paladar. Tenía sed. Todo un extraño suceso que no imaginaría jamás, ni un piso como ese ni la luz entrando al cuarto de esa manera. No llegué hasta ahí con mi consentimiento, eso lo sé, aunque es lo único en certidumbre. Y es cierto que planié llevarlo a su departamento y mutar en el déspota que él adora cuando juega a no darse vuelta, pero no así, no como parece haber sucedido. Nunca - créame - habría de diseñar mañana tan imperativa y confusa como la última.

domingo 24 de mayo de 2009

Torneo barrial (retiro)






Vuelvo rengo y sucio de jugar
suave rumor vecinal, y el frío...
Voy doblando por Natal.

Siendo hoy la sombra del que fuí
reminiscencia de aquel 5 aguerrido
ya no doy con el piné

No es por la derrota el malestar
es solo otro torneo barrial, perdido...
lo que inquieta es el umbral
*.


*(...Te pedí un corner corto, ajustado a la boba y me la serviste limpísisma. Zafé de la marca quebrando cintura, sin elegancia, perfilandome para la zurda. Imaginación al poder. Un segundo después quede contra la raya; la lectura sugería un centro bombiadito, al segundo palo, ideal para el frentazo del Gigante, pero no. Me la morfé. Tiré un sutil autopase entre la banda y el marcador justo entrando en plena área chica y pasé, volví a sortear otro entuerto a estirpe de potrero, y me entusiasmé ciego como suelen hacerlo los morfones. En el altivo y delirante ataque de habilidad: redoblé la apuesta: osé enganchar para afuera, a contrapierna, y el segundo marcador de ellos pasó de largo mientras se me abría el panorama, me la pedía hasta el aguatero y en el derrotero de semejante empresa individual, fruto del capricho y el corazón, mi-torso-iba-girando-en-cá-ma-ra lenta hacía el cogollo del área (el punto penal) y ahí, ahí, en una baldosa sentí el gélido beso del ocaso. En el efecto físico, la desligazón osea tronó inequívoca.
Es el fin, viejo.
En el eco de las voces proliferadas en la multitud del área, se seguía escuchando, como voz cantante, mi hueso, pues mi rótula aún seguía en su lugar, y mi cuerpo ya había tomado otro camino. Caí en el área chica, boca arriba jadeando (pude escuchar que algún peladrúm gritaba: ¡penal, penal...!) en el pasto se imprimían las sombras de los jugadores, aunque el cielo, extrañamente, era un plomizo telón de cierre típicamente otoñal)

martes 5 de mayo de 2009

inexperiencias ( memory tour )



No sé si es propio del hombre paciente ultimar en estos días.
No lo sé.
A pesar del mundo, mi primitivo humor me deja jugarme este último albur, esta breve tosquedad. Ultimar es el arte. No nadar en la petulante arrogancia de mis palabras, pues si ando falto de ellas para darle caríz a esta ultimación, a esta giratoria del tiempo enloquecido; me sobran,en exceso, para dejar de usarlas y darte mis horas.
Toda mi abruptez ultimadora, cuna de mi embebida contemplación del mundo, se condice con el hombre paciente que vengo siendo. Te espero, eso recalque esa noche. Sueño en el color de tus cuadros, con tu voz dulcificada, apaciguada mi ineptitud para amarte, voy relamiéndome la baba de aquellos días mientras convino con linea D y se yuxtapone en mi memoria -pobrísima almacén- un dejo vivo y fugaz de aquel acto, que me hace olvidar los segundos en que moría por un abrazo y mi boca, -puerta del mundo- es sumida al extraño ácido de la vejación: el recuerdo del dolor o viscecersa: el dolor del recuerdo.
No se si es propio del hombre paciente ultimar en estos días, solo te haré saber que nunca es tarde para olvidarme de mi atolondrada altivez y reconocer lo que siento por vos.

domingo 19 de abril de 2009

Tour a corazón abierto // lado b



Haz lo correcto. Acarrear mi estima lo es, vislumbrar el desliz perfecto, cocinar en la madrugada, conciliar tus pretéritos.

Haz lo que tengas dentro. Rodar un film antártico lo es, montar en cólera, conllevar este delirio (el supremo) , robarme el sueño en la sombra, llamarme y decirme que si.

Haz lo mejor. Amar la novela de nuestra vida lo es, murmurar con ritmo, salirte de la periferia, fumar mis flores lo es, tragar mi vena, elegir estar sola, aunque me duela.

Haz lo que sea. Y yo buscaré todo el recóndito tiempo la manera de seducirte.

domingo 1 de marzo de 2009

Micro tour // vol. b


Estuvimos anteayer en el campo de tu padre. Llegamos pasado el mediodía en el auto de Bruno, vos me contabas -a los gritos- sobre aquellos veranos en familia mientras en primera, cruzábamos la tranquera y minutos más tarde, tu relato se entrecortaba cuando el Audi frenaba su marcha. Allí estaba tu padre agitando el brazo delante del casco de estancia. Pletórico y servicial como acostumbra ser, había ordenado el armado una mesa larguísima en una pequeña galería con barrotes al estilo greco romano e impecable loza fina color mora debajo de nuestros pies. Sobre el blanquísimo mantel brillaban las calas y la platería y la cerámica blanca y pesada y los sendos cristales; era fácil enceguecerse. El acto continuo en perfecto orden: la presentación ejemplar, la brisa de marzo, la breve intervención del comisse, la burla sutil, el cordero y sus naranjos, tu progenito anfitrión, el aroma del Pinot Noir, el servicio, los intervalos, el entremesse, las almendras blancas, el discurso de un curador, todo en perfecto orden, hasta las pequeñas verdades y galantería; tu padre describiendo al himen como si enseñara a su harén de infieles soñadoras a catar cepas jóvenes, y tu madre, estoica y apenas sonriente ordenando a la criada con su mano lánguida la hora de los dulces. Luego de la creme brule de cerezos el brindis, los múltipes agradecimientos a tu padre.
Cuando la formalidad mermó huí, y por supuesto te arranque. Ya en la lejanía de la plena arboleda, levante tu vestidito floreado mientras te recostaba en el borde de una glorieta. Te pareció desubicado de mi parte y a mi me pareció desubicada tu mesurada actitud. Coincidimos.
Dormí un rato a la sombra de un parral y desperté cuando gritaste porque viste un gusano caer en mi hombro. Te dije somnoliento que era mi mascota, que podía repetir tu nombre y como en todo el findesemana no te arranque una puta sonrisa. Aun recuerdo cuando atravesé el perfecto silencio del almuerzo diciéndole a tu madre que antes de comprarme un auto me compraría un sitar, que me llevaría más lejos...