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...mi abuelo compraba las ormas de queso, los salamines secos, las nueces y todo tipo de ajíes. Vivía armando conservas en fracosgigantes de vidrio con tapa de madera que él mismo hacía y mi abuela le decía a los gritos que parara un poco con tanto frasquerío. La cocina siempre olía muy fuerte a picante y yo esperaba la siesta para comerme una punta de ají, y jamás nadie se enteraba de estas aventura porque yo aparte de muy valiente era tenaz en el arte de dar el golpe. Todo ese arte caducó cuando mi colon se inflamó y el medico se indignó porque le parecía una aberración que un nene de 5 años comiera ajiputaparió. Mi papá se reía y decía "a los medicos los carga el diablo". Luego él en la cocina de su taller -siempre todas sus casas y sus distintos espacios fueron y son como un solo y extensivo gran taller- viviamos en Boedo en aquel entonces, mientras cocinaba me decía: "te compré caramelos Ivan" y me daba los dientes de ajo enteros y pelados que yo deleitaba. Mi abuelo me preparaba unos sanguches que él comía en la Europa solo en época de bonanza; abría un pan y le metía queso sardo (antes ese queso mucho más fuerte) y una rodaja de cebolla. Ese, es al dia de hoy que es mi sanguche preferido, aunque cuando descubrí las anchoas - en aquel entonces yo debía medir unos 40 cm- encontré mi caramelo favorito. Mi abuelo bebía a diario y comía como una bestia todo tipo de picantes. Eran frecuentes algunos platos que hace tiempo no pruebo: bacalao, conejo guisado, ensalada de shopska, entre otros inmemoriables. Recuerdo que en los guisos ponía pimienta negra en grano en la misma proporción que las arvejas.Una bestia el viejo. Bebía ginebra, vino tinto y vivió plenamente esa vida gastrónomica hasta los 95 años, la herencia de la bebida seca y los picantes sigue vigente entre...

